
Crear es parte de mi historia. Vengo de una familia donde el arte y la artesanía eran el corazón de la vida, y no recuerdo un solo día sin estar inventando o jugando a crear. Esa curiosidad vivía en los detalles: dar vuelta el ropero de mi abuela, probarme todo, revolver cajitas llenas de objetos que para mí no eran simples accesorios, sino pequeños tesoros. Me fascinaban sus materiales, colores y formas… y casi siempre terminaban desarmados para transformarse en algo nuevo.
Recuerdo especialmente unos stilettos morados de mi abuela. Esa caja tenía un olor único, y estaban siempre impecables, guardados para una ocasión especial. Tenían una flor bordada que se podía poner y sacar, y a mí me parecía magia. Creo que ahí empezó todo: en ese momento donde entendí que los objetos podían contar historias.
A los 15 años encontré otra puerta: las herramientas digitales. Empecé usándolas para diseñar mi propio tatuaje, sin saber que eso iba a ser un viaje de ida. Ahí descubrí un nuevo lenguaje para crear, donde podía mezclar intuición, técnica e identidad.
Hoy trabajo creando universos visuales e ideas que toman forma. Diseño e ilustro para marcas que buscan diferenciarse, bajar conceptos a tierra y construir productos con sentido. Me interesa lo que tiene identidad, lo que se siente propio, lo que conecta.
Porque para mí diseñar no es solo hacer: es traducir una mirada en algo que otros puedan ver, usar o habitar.